VIDEOS DE INTERES

miércoles, 16 de mayo de 2018

CERVANTES, EL QUIJOTE Y EL DÍA DEL IDIOMA


Arturo Álvarez D’ Armas

La UNESCO en Conferencia General del día 15 de noviembre de 1995, declaró el 23 de abril, día de San Jorge, Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor y en esta fecha se honra además la memoria del ilustre escritor Miguel de Cervantes, cuyo manejo creador del idioma castellano, al cual imprimía una gracia insuperable, ha sido motivo de admiración y elogio durante 4 siglos.
 Don Miguel Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares el 9 de Octubre de 1547 y murió en Madrid el 23 de abril de 1616. Su primera obra fue un soneto dedicado a la muerte de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II. Antes de escribir El Quijote, ya era conocido por sus Novelas ejemplares,  la Galatea, el Viaje del Parnaso, extenso poema en tercetos encadenados. En 1615, publica Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados, pero su drama más popular es, La Numancia, además de El trato de Argel, la cual es una comedia de cautivos, su fecha aproximada es 1582, más adelante se le da el título de Los baños de Argel. Originalmente publicada en 1784 por Antonio de Sancha.
Un año después de su muerte, aparece la novela Los trabajos de Persiles y Segismundo, cuya dedicatoria a Pedro Fernández de Castro y Andrade, VII Conde de Lemos, su mecenas durante años, y a quien están también dedicadas la segunda parte del Quijote y las Novelas ejemplares, y que firmó apenas dos días antes de morir, resulta una de las páginas más conmovedoras de la literatura española:
Señor; aquellas coplas antiguas que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan: «Puesto ya el pie en el estribo», quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras las puedo comenzar diciendo:
Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
gran señor, ésta te escribo.
Ayer me dieron la extremaunción, y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies de V. E., que podría ser fuese tanto el contento de ver a V. E. bueno en España, que me volviese a dar la vida. Pero, si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos y, por lo menos, sepa V. E. este mi deseo y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle, que quiso pasar aún más allá de la muerte mostrando su intención. Con todo esto, como en profecía, me alegro de la llegada de V. E.; regocíjome de verle señalar con el dedo y realégrome de que salieron verdaderas mis esperanzas dilatadas en la fama de las bondades de V. E. Todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del Jardín y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mía (que ya no sería sino milagro), me diere el cielo vida, las verá, y, con ellas, el fin de la Galatea, de quien sé está aficionado V. E., y con estas obras continuado mi deseo; guarde Dios a V. E. como puede, Miguel de Cervantes.
El 16 de enero de 1605, es publicada la primera edición de la primera parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de don Miguel de Cervantes. Editado por la imprenta de Juan de la Cuesta en Madrid. La segunda parte es publicada en 1615, impresa igualmente por Juan de la Cuesta. Don Quijote representa el idealismo. Con esta obra se marca el inicio de la novela moderna. La novelística cervantina se caracteriza por su creación sabia de atmósferas de realidad mediante descripciones veristas y por ello verídicas. Podemos llamar así realista a Cervantes en cuanto que en su obra transmite una honda impresión e intuición de realidad.

Sobre esta monumental obra de la lengua castellana nos dice el novelista peruano Mario Vargas Llosa: “Antes que nada, Don quijote de la Mancha, la inmortal novela de Cervantes, es una imagen: la de un hidalgo cincuentón, embutido en una armadura anacrónica y tan esquelético como su caballo, que, acompañado por un campesino basto y gordiflón montado en un asno, que hace las veces de escudero, recorre las llanuras de la Mancha, heladas en invierno y candentes en verano, en busca de aventuras”.

En América, aparecieron los primeros ejemplares de El Quijote, en el galeón “Espíritu  Santo” llegado al puerto de Veracruz en 1605, eran 262 ejemplares. De allí se remitieron algunos ejemplares a la ciudad de los esclavos, Cartagena de Indias. Viajeros como Juan Ruiz de Gallardo, quien vino al “Nuevo Mundo” en el galeón “Nuestra Señora de los Remedios” y Alonso López de Arce en el galeón “San Cristóbal”, leyeron en su periplo oceánico, El Quijote.

El Quijote es llevado a Perú a través de Portobelo, de allí en mula hasta Panamá y después en barco hasta Lima. Según don Ricardo Palma en su afamada obra “Tradiciones Peruanas”, el primer ejemplar leído en Lima fue el del Conde Monterrey, virrey del Perú, y procedía de Acapulco.

Sobre la presencia de tan grande obra en Venezuela no tenemos mayor información. El investigador Iván Drenikoff dice: “Parece ser que en la biblioteca del Dr. José María Vargas había un ejemplar de El Quijote. La Biblioteca Nacional de Caracas tiene la edición ilustrada, impresa en Holanda en 1697, perteneciente a la colección Dolge”.
Con motivo de celebrarse los 500 años del arribo de los europeos al continente americano, la Academia Nacional de la Historia, siendo su presidente el Dr. Guillermo Morón se edita una versión facsimilar de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de 1647, con prólogo de Morón, una bibliografía elaborada por Roberto José Lovera De Sola y 30 ilustraciones pertenecientes a los artistas plásticos Pedro León Zapata, Régulo Pérez y Luis Guevara Moreno.

PERSONAJES:

Don Quijote: Hombre idealista. Personaje principal de “El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Hidalgo cincuentón, esquelético como su caballo. El nombre de Don Quijote era Alonso Quijano, el Bueno. Usa los seudónimos de Caballero de la Triste Figura y Caballero de los Leones.

Sancho Panza: Campesino vecino de don Quijote, hombre de bien, realista ante el idealismo de El Quijote. Según, de poca sal en la mollera. Dejó mujer e hijos para ser escudero de su vecino, siempre en su fiel burro. Era la parte realista de don Quijote.

Rocinante: Caballo flaco y pando como su amo. Una noche sin despedirse de nadie, se marcharon en busca de aventuras. Don Quijote montaba a Rocinante y Sancho Panza su burro o su asno, muy querido por este. Al final se lo roban al desdichado panzón.

Dulcinea: Eterna enamorada de El Quijote. Dama labradora llamada Aldonza Lorenzo y para él será Dulcinea del Toboso. A ella se encomienda el aventurero para realizar cada una de sus empresas. El cree en ella para creer en si mismo.

Cide Hamete Benengeli. Personaje ficticio, supuesto historiador mahometano creado por Cervantes.
Esposa de Sancho Panza: Conocida como Juana Gutiérrez, Teresa Cascajo, Teresa Panza y Teresa Sancho. Esa fue una estrategia de Cervantes, donde el personaje está cada vez más liberado de la letra, más independiente del libro; no está en el libro, sino fuera de él. Tenía una hija llamada Sanchica Panza.
Por mera casualidad tres excelentes escritores fallecieron en esa misma fecha. William Shakespeare nacido en Straford-upon-Avon, Inglaterra el 26 de abril de 1564 y falleció el 23 de abril de 1616. Dramaturgo, poeta y actor.[] Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon (o simplemente El Bardo), Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Algunas de sus obras son: Romeo y Julieta, La Tempestad, Las alegres comadres de Windsor, El mercader de Venecia, El sueño de una noche de verano y el poemario Venus y Adonis.
 Igualmente  nuestra afamada Teresa de la Parra, murió en Madrid, España, el 23 de abril de 1936. Nace en París, Francia,  el 5 de octubre de 1899, Ana Teresa Parra Sanojo, escritora venezolana conocida por su seudónimo Teresa de la Parra. Hija de padres Venezolanos residenciados en París. Entre sus obras más recordadas tenemos a Ifigenia y Memorias de Mamá Blanca.
Finalmente Inca Garcilaso de la Vega, (Cuzco, Perú, 12 de abril de 1539 – Córdoba, España, 23 de abril de 1616). Escritor e historiador. Es el primer escritor mestizo de América. Hijo de Sebastián Garcilaso de la Vega, noble capitán  español y de la ñusta o princesa inca Isabel Chimpu Ocllo. Algunas de sus obras son las siguientes: Historia de la Florida, Comentarios reales, Historia General del Perú.

[]Fuentes Consultadas:
ABAD NEBOT, Francisco. Géneros literarios. Barcelona: Aula Abierta Salvat, 1981. 64 p. (Colección Salvar/Temas Claves, 36)

CERVANTES, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Presentación Mario Vargas Llosa; la invención del Quijote, Francisco Ayala; Cervantes y el Quijote, Martín de Riquer. Edición y notas de Francisco Rico. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2004. 1249 p.

DRENIKOFF, Iván. Información oral. Caracas: 9 de abril de 2005.

MEDINA CALATAYUD, Adela. “Hay una edición criolla de El Quijote”. En: Ultimas Noticias, Caracas: 10 de abril de 2005. p.6. Entrevista al historiador Guillermo Morón.

OTERO, Lisandro. “Don Quijote en América”, En: Orbe. Caracas: Nº 9, 28 de marzo al 3 de abril de 2005. p. 21.          

jueves, 26 de abril de 2018

TRES TOPÓNIMOS DE ORIGEN AFRICANO EN EL ESTADO APURE


Arturo Álvarez D´ Armas


La esclavitud en Venezuela se inicia a partir del siglo  XVI cuando traen a la isla de Cubagua los primeros negros. Su desarrollo y consolidación se establece a finales del siglo XVIII, con el cultivo del cacao en la región norte costera. Este fruto de exportación fue la base de la riqueza de los criollos, llamados “los grandes cacaos”.
El africano resultó insustituible como mano de obra, por su alto rendimiento en el trabajo de las plantaciones de caña de azúcar, tabaco, algodón, así como su desempeño en las minas. Una porción muy pequeña gozó el privilegio de trabajar en el servicio doméstico. Otros eran encargados de hatos. Uno de ellos fue Manuelote esclavo y capataz de La Calzada de don Manuel Pulido en la Provincia de Barinas (1807). Un alto número eran cimarrones, vivían de robar ganado, el trueque, el contrabando y cultivar pequeñas parcelas (conucos o vegas) a orilla de los ríos llaneros.
Uno de los tantos aportes que dejaron las etnias africanas se encuentra en la toponimia apureña. En  este artículo se hace un pequeño estudio de tres nombres de origen africano en esa entidad llanera.
CARABALÍ: Gracias a la presencia de mano de obra esclava en la economía ganadera de los llanos, y a pesar de su reducido porcentaje hoy día podemos encontrar algunos africanismos en la región apureña. Este es el caso del topónimo Carabalí.
Como voz geográfica lo ubicamos en los estados Apure, Carabobo, Lara y antiguamente en Aragua. Se conoce como carabalí a un toque musical interpretado durante el ritual de los Diablos Danzantes de Chuao, básicamente instrumentado por el “cajero”. Igualmente al samán Pithecolobium saman (Jacq.) Benth, se le llama carabalí, ¿sería por su parecido con el mítico baobab africano? En Colombia y Venezuela existe el apellido Carabalí o Caravalí.
En la llanura apureña tenemos los nombres geográficos de Hato Carabalí, ubicado en la Parroquia El Yagual, Municipio Achaguas y el caserío Carabalí perteneciente a la Parroquia Elorza del Municipio Rómulo Gallegos del estado Apure.
Bajo el nombre genérico de Carabalí fueron traídos contra su voluntad, a Brasil, Colombia, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, México y Venezuela, los esclavos embarcados en las factorías localizadas en la costa occidental de África, en la zona comprendida entre el río Níger y la desembocadura del río del Rey aproximadamente, hoy territorio de la República Federal de Nigeria. Realmente los carabalí no eran una etnia, ellos provenían de tipos tribales diferentes como: Ibo, Oru, Isú, Breche, Brass, Ibibio, Efik, Kwa y Biafara entre otras.                                                      En Cuba dada la importancia demográfica de los carabalí en Matanzas y La Habana fueron los iniciadores de la Sociedad Secreta Abakuá. Ellos se hicieron mayoritarios en los muelles como jornaleros y capataces. Allí convergieron distintos grupos carabalíes. En 1836 fundan los carabalí apapá una tradición con más de un siglo de vigencia. Sus templos para el culto se encuentra en La Habana, Regla, Marianao, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Cárdenas y la ciudad de Matanzas.                                                          En el idioma Ibibio, Kalabari es persona de Calabar.
CASIMBAS, LAS: Centro poblado ubicado en la Parroquia Cunaviche del Municipio Pedro Camejo. Salazar Quijada (1983) dice:”Con este nombre se conoce a una troja o casucha para guardar cereales”. También puede ser un pozo, vasija o barril para almacenar agua de llovizna o de manantial. Acosta Saignes en su trabajo sobre Gentilicios africanos nos informa que en las Minas de Cocorote se encontraba un negro con el gentilicio Casimba. El señor José Manuel Puerta habitante de Cunaviche indica que Las casimbas se encuentra ubicado entre el caserío El Oso, el caño río Clarote y el hato El Milagro. Actualmente la mayor parte de sus habitantes son de la etnia yaruro.
Casimba es una voz que proviene del Kimbundu uno de los principales idiomas de la República de Angola. Se escribe Kixima. En el sur de Angola esta un topónimo denominado Casimba. Ortiz (1985): cree que es un una palabra que viene del árabe. El profesor angolano Carlos Figueiredo (2014): “É uma palavra específica para designar estes poços nativos, pois as outras também existem, para designar realidades diferentes: poço, tanque, cisterna... Estas palavras são para designar os poços, tanques e cisternas contruídos pelos europeus. Cacimba é só para os poços nativos, que são muito diferentes dos poços europeus”. Libolo es una región del interior de la República Popular de Angola, cerca del río Kwanza en su frontera norte. Se encuentra en la Provincia de Kwanza-Sul. Figueiredo (2016) dice: En la parte norte se encuentra habitado por pueblos  Ambundo, hablantes de la lengua Kimbundu. En el sur es habitado por la etnia Ovimbundu, quienes hablan Umbundu. En Libolo se habla una variedad de Kimbundu con características muy propias que se llama Kimbundu Libolo o Kimbundu Bolo. Los investigadores Fuentes Guerra y Schwegler opinan que viene del kikongo (: “lugar, sitio” y nzímba: “hueco, cavidad”).
ÑAME: Con el nombre de ñame encontramos dos topónimos en el estado Apure, uno es el “Fundo los ñames”, centro poblado situado en la parroquia Bruzual, del Municipio José Cornelio Muñoz y el sitio “los ñames” perteneciente a la parroquia San Miguel de Cunaviche, Municipio Pedro Camejo.
El ñame pertenece a la familia de las Dioscoreáceas y género Dioscorea. Son plantas herbáceas, de tallos trepadores, volubles, que necesitan donde apoyarse. Hojas acorazonadas. Se cultivan por sus rizomas harinosos, de muchas proteínas y minerales. En Venezuela y en gran parte de América tenemos tres tipos de ñames: ñame común (Dioscorea alata L.) originario de la India y Malaya;  el ñame congo (Dioscorea bulbifera L.) originario de África y el ñame de guinea (Dioscorea cayennensis Lam.) también africano.
Aproximadamente, entre los años 6000 y 5000 a.C., en la cuenca del río Níger eran cultivados el ñame, junto al arroz africano (Oriza glaberrima), mijo, sorgo y la palma de aceite, los cuales se difundieron hacia el norte y el noreste, en dirección al valle del Nilo.
La dispersión histórica del ñame se debe a los viajes de los portugueses en el comercio de esclavos. En los buques donde transportaban a los africanos les daban de comer “dos veces al día”: ñames cocidos, arroz africano, medio litro de agua o patilla (llamada melón de agua) y de vez en cuando un poco de “carne”. La voz inhame ya existía en el vocabulario portugués del siglo XV, y Colón, quien había estado en Guinea, llama mames o names a una variedad de batatas americanas. Gonzalo Fernández de Oviedo dice en 1535 los nombres mames, names o nnames, pero ya aplicados al verdadero ñame, diciendo que es “fruta extranjera que vino /a Indias/ con esta mala casta de los negros”.
El profesor Megenney (1983) en una importante investigación dice que el término ñame aparece en una serie de lenguas africanas que son las siguientes: Wolof (nyambi), Mende (yambi), Dyolof (ñambi), Grebo (nyambi) y Fulani (ñama).
En Venezuela toda sopa lleva ñame y en los pueblos todavía se elaboran torticas de ñame y los famosos buñuelos de ñame.
Fuentes consultadas:
Acosta Saignes, Miguel.  Gentilicios africanos en Venezuela.  Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia y de Filología “Andrés Bello”, s.a.  24 p.
Acosta Saignes, Miguel.  "La cerámica de la luna".  En: Archivos Venezolanos de Folklore.  Caracas: Tomo II, N° 3, 1953-1954.  pp. 7-22.
ÁLVAREZ D´ARMAS, Arturo.  Apuntes sobre el estudio de la toponimia africana en Venezuela. San Juan de los Morros: Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos, Oficina de Comunicación y Extensión Cultural, 1981.  18 p. (Serie Acervo II).
ÁLVAREZ D´ARMAS, Arturo. Deportistas venezolanos con apellidos africanos.  Inédito.
Álvarez Nazario, Manuel.  El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico. Contribución al estudio del negro en América.  San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974.  489 p.
ESCALANTE, Aquiles.  “Afrocolombianismos”.  En: Magazing Dominical. Bogota: 2 de enero de 1977.  Pp. 5-6.  (El Espectador). 
FIGUEIREDO, Carlos. “Comunicación personal”. Macao, China: 15 de septiembre de 2014.
FIGUEIREDO, Carlos. “Comunicación personal”. Macao, China: 19 de septiembre de 2016.
Fuentes Guerra, Jesús y Schawegler, Armin. Lengua y ritos del Palo Monte Mayombe. Dioses cubanos y sus fuentes africanas. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2005.  258 p.
GARCIA, Gloria. “Esclavos africanos en La Habana del siglo XVI”.  En: Resumen Semanal Granma. La Habana: 25 de julio de 1982.  p. 2.
Historia de Angola.  Luanda: Ministerio de Educacao, 1976.  118 p.
LARES BOLIVAR, Elisur Emilio.  Geografía descriptiva apureña.  San Fernando de Apure: Octubre del 2004.  57 p.
Larrazábal Blanco, Carlos.  Los negros y la esclavitud en Santo Domingo.  Santo Domingo: Julio D. Postigo e hijos Editores, 1975.  200 p.  (Colección Pensamiento Dominicano, 35).
Lopes Cardoso, Carlos.  Do uso da “Cegonga” no Distrito de Mocamedes.  Luanda: Instituto de Investigacao Científica de Angola, 1963.  17 p.
Megenney, William W.  Sub-Saharan Influences in the Lexicon of Puerto Rico.  Separata de Orbis.  Louvain: Tome XXX, N° 1-2, 1981 /1983/.  pp. 214-260.
Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, Dirección de Cartas, Sección de Nombres Geográficos.  Gacetilla de nombres geográficos.  Caracas: Publicaciones de la Dirección de Cartografía Nacional, 1978.  339 p.  (Edición provisional, 5).
Ortiz, Fernando.  Nuevo catauro de cubanismos.  La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1985.  526 p.
Puerta, José Manuel. Información oral. Puerto Miranda,  urbanización San Fernando 2000, estado Guárico: 29 de marzo de 2008.
Salazar Quijada, Adolfo.  La toponimia venezolana en las fuentes cartográficas del Archivo General de Indias.  Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1983.  723 p.  (Estudios, Monografías y Ensayos, 40).
SCHNNEE, Ludwig.  Plantas comunes de Venezuela.  Tercera edición.  Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1984.  822 p.
Vélez Boza, Fermín y Valery de Vélez, Graciela. Plantas alimenticias de Venezuela. Autóctonas e introducidas.  Caracas: Fundación Bigott / Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, 1990.  277 p.

sábado, 21 de abril de 2018

DEL ANTIGUO DAHOMEY



A comienzos del siglo XVII, la etnia fon, funda el reino de Dahomey, siendo Abomey su capital. Después de estar sometido al vasallaje del reino de Benín, el territorio de la actual República de Benín forma parte del reino de Allada. Al desmembrarse este en 1625, surge en el norte el reino de Dahomey, una dinastía que se mantuvo hasta finales del siglo XIX. 
Reyes de Dahomey: Gangnihessou (1600-1620), Dakodonou (1620-1645), Aho Houegbadja (1645-1685), Houessou Akaba (1685-1708), Agadja (1708-1740), Tegbessou (1708-1774), Kpengla (1774-1789), Agonglo (1789-1797), Adandozan (1797-1818), Ghézo (1818-1858), Gleglé (1858-1889), Béhanzin (1889-1894), Agoli-Agbo (1894-1900). 
El máximo momento de esplendor de la monarquía corresponde al período más floreciente de la trata de esclavizados; se inaugura con Ghézo, quien detenta el poder durante cuarenta años (1818-1858).
Se debe destacar la importancia del arte en los distintos reinados del siglo XIX. Los artesanos trabajaban bajo control del reino y se agrupaban en zonas vecinas al palacio. Su misión era exaltar al soberano y sus hazañas guerreras. En los muros del palacio en cuyos muros de terracota habían bajorrelieves de naturaleza muy diversa, como batallas, escudos de armas o representan alegorías, y a veces seres míticos. Gleglé aparecía como un león. 
Al morir Ghézo sube al trono Gleglé, llamado también Glelé o Gelele. Gran estadista y guerrero; a través de la venta de esclavos mantuvo cierto nivel de prosperidad para su pueblo. Sus zonas costeras fueron centros de ventas de esclavos desde el siglo XVIII. Durante su mandato la economía, el arte y la cultura fon (la dominante), vivieron su mejor esplendor. Al eliminarse la trata, el monarca introduce cambios fundamentales en la maquinaria del estado y la economía. Su gobierno perjudica los intereses comerciales franco-ingleses, cada vez más interesados en el control directo de las exportaciones.
A partir de 1868 los europeos penetran por distintos medios el territorio de Dahomey, finalmente Francia logra que algunos ciudadanos de su país se establezcan en el puerto de Cotonu, mediante un acuerdo con Gleglé, con esta iniciativa el rey creía evitar las incursiones de los ingleses de Lagos (hoy República Federal de Nigeria). Esta relación no significaba que el reinado perdía su soberanía sobre esa importante ciudad; los comerciantes de Cotonu debían pagarle impuestos y reconocer la autoridad de los representantes del reino. 
Al poco tiempo los galos se niegan a pagar los tributos monetarios a los representantes del rey y piden la intervención del ejército francés para así obtener protección. Los grupos de presión coloniales terminaron imponiendo la conquista militar. 
Gleglé convivió con su pueblo, demostrando ser un hombre de convicciones, sabiduría y humildad. Siempre vestía con un taparrabos, pocas alhajas, uno o dos brazaletes de hierro y finalmente su cachimbo de fumar. Como decían los portugueses a los altos funcionarios: El era un cabesario más. A la muerte de Gleglé en 1889 le sucede su hijo Béhanzin, quien lucha contra el imperio francés hasta 1894, cuando es derrotado en una lucha desigual donde los franceses usaron armas experimentales. Este reino se distinguió por su mujeres soldados. Los occidentales les dijeron amazonas, en lengua fon es mino.
El antiguo Dahomey es independiente desde el 1 de agosto de 1960. Su primer presidente fue Hubert Maga. El 27 de octubre de 1972 el coronel Kérékou implanta un gobierno militar y en 1974 se proclama marxista-leninista. Y el 30 de noviembre de 1975, pasa a llamarse República de Benín. El nombre de Benín evoca un floreciente reino asentado en esa región desde tiempos lejanos. 
Tiene límites con Togo, Burkina Faso (antiguo Alto Volta), Níger y Nigeria. Su extensión es de 112.622 kilómetros cuadrados, de los cuales su fachada atlántica es de 125 km2. La capital es Porto Novo, otras ciudades son Cotonu, Abomey y Uidah (célebre por el culto a Dambalá, la serpiente sagrada). Los principales grupos étnicos son los fon, adja, baribá, yoruba, somba y fulbe.
Uno de los grandes aportes de los fon a la cultura americana es la religión Vudú, traída a tierras de Haití, con los miles de esclavizados provenientes de esa zona de África Occidental. También se disemino por la parte oriental de Cuba, algunas islas del Caribe, República Dominicana y en el estado de Louisiana en los Estados Unidos.
Fuentes consultadas:
AUBOURG, Michel. “Le Dahomey (1)”. En: Bulletin du Bureau d´ Ethnologie. Port-Au-Prince: N° 23-25, mars-septembre, 1960. Pp. 15-26.
INIESTA, Ferrán. “La penúltima resistencia del pueblo fon”. En: Marginados, fronterizos, rebeldes y oprimidos. Miquel Izard Compilador. Vol. II. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1985. Pp. 142-153.
LAUDE, Jean. Las Artes del África Negra. Barcelona: Editorial Labor, S. A., 1968. 282 p. (Nueva Colección Labor, 70).
SURET-CANALES, Jean. Äfrica Negra. Geografía, civilización, historia. Prefacio Jean Dresch. Buenos Aires: Editorial Platina, 1959. 221 p.

miércoles, 7 de febrero de 2018

TODO EL UNIVERSO EN LA CELDA DE UN FRAILE


Eduardo J. Anzola


El 11 de enero de 1749 nace Juan Antonio Navarrete en la hacienda Tamanavare, en San José de Guama, poblado indígena bajo la jurisdicción de San Felipe El Fuerte. Siendo muy niño queda huérfano y sus familiares lo llevan hasta Caracas.
Luego de convertirse en fraile  franciscano en 1770, se traslada a las islas de Santo Domingo y Puerto Rico y se  gradúa como doctor en teología. Después reside en Caracas donde desarrolla un vastísimo quehacer intelectual y se desempeña como bibliotecario.
El 22 de junio de 1804,  fray Francisco Javier Cubillán recibe carta de fray Marcos Romero:

Señor y Amadísimo Padre: hace muchos días que nuestro Padre Navarrete me suplica se conceda la celda que está contigua a la suya para abrirle puerta por dentro y agregarla a su habitación, a causa de que la que por ahora goza, es muy reducida y no le caben los libros, cama y demás muebles necesarios para su uso, sin estar unos encima de otros. 1

La carta prosigue describiendo como ha sido acosado repetidamente por la obstinación de  este fraile a quien ya no le alcanza el espacio físico para colocar una numerosa cantidad de libros. Ese testimonio nos habla de la personalidad y afanes de este monje bibliotecario.
Navarrete es un fraile erudito con una cultura y una visión de mundo sorprendentes para el período colonial que le corresponde vivir. Como asiduo lector e investigador cita en sus manuscritos numerosas y variadas bibliografías de autores contemporáneos y de otras épocas. Su prolífica obra es diversa, compleja, y extensa. A veces profundo, a veces más bien superficial, pretende abordar todas las vertientes del conocimiento de su tiempo. Escribe diecisiete volúmenes en folios a mano y con una caligrafía compacta de muy prolijo acabado.
Solo se le conoce uno de ellos, Arca de Letras y Teatro Universal, obra de este gran erudito.  Allí explora temas religiosos, humanísticos y científicos de medicina, astronomía, química, alquimia, física, botánica, historia, geografía, literatura, mitología, teología y filosofía. También registra sucesos y crónicas.  Su estilo despliega   agudeza, sentido del  humor y dominio de la ironía.
La temática de esta obra enciclopédica, se ramifica en muchas disciplinas moldeadas con paciencia de orfebre intelectual, para desarrollar un contenido que es como una suerte de arca de saberes, donde el autor despliega su avasallante erudición. El Teatro Universal es el gran espectáculo de la creación de los humanos y de la Madre Naturaleza, observado por Dios. 2
Este franciscano, a fuerza de constantes lecturas de todo cuanto llega a sus manos,  transforma la reducida celda del monasterio en un infinito mundo de conocimientos concentrado en un “Aleph” o en una “Biblioteca de Babel”, como diría  siglo y medio después, el escritor argentino Jorge Luis Borges.
Navarrete organiza cuanto cree que debe saberse y acceder a tal conocimiento de la manera más idónea Arca de letras y Teatro Universal, sin embargo, sin ser un diccionario de lengua, es un texto de carácter enciclopédico mediante el cual el lector puede acceder en orden alfabético, a aquello que desea conocer. Navarrete  se apoya en fieles referencias de grandes autores y obras, desde las antiguas hasta las contemporáneas a su época, y se siente  fascinado por la vastedad del universo contenido  en el diccionario y la enciclopedia.
También derrocha pasión por la definición, que tomará como punto de partida para aproximarse al conocimiento de los objetos. Arca de letras y Teatro Universal, pretende representar en detalle  la realidad que ha experimentado en sus variadas dimensiones y bifurcaciones.
Su obra demuestra un afán por la anotación, la descripción y la recopilación, como queriendo compilar un registro verbal de la realidad; una suerte de enciclopedia que pretende narrar objetivamente los hechos del mundo, como una suerte de reportero universal.  
Como muestra de la obra, allí Navarrete hace una crónica en torno a la tragedia ocurrida entre el 13 y 15 de febrero de 1798 en La Guaira. Según el autor y otros testigos, es un castigo enviado por “la mano airada de Dios” ya que unos libertinos han profanado su palabra.
Un aluvión pavoroso arrasa una gran parte de la población y destruye casas y una cárcel del puerto. El autor termina el recuento:

De los muertos en la inundación del agua del río, que con piedras y tropel de sus corrientes corría por las mismas casas y calles como soldado con espada en mano matando y atropellando gente, no se sabe aún el número y se espera ir descubriendo cadáveres entre tanta ruina entre que niños, viejos, mozos, mujeres, soldados y demás se juzga alcanzar a más de doscientos. Las noticias en adelante esperamos.3

Lo que subyace en sus reflexiones de la tragedia es lo indomable, temible e implacable de la Naturaleza. Para Navarrete, siendo ella igualmente divina y bondadosa con el hombre, se inflama de fuerza para castigar a unos libertinos capaces de burlarse de Dios. Así el autor evidencia la irracionalidad humana y muestra el poder de la Madre Naturaleza. Pero no imagina este monje venezolano, que San Felipe El Fuerte sufrirá una tragedia mucho peor, con el terremoto devastador de la Semana Santa de 1812,  14 años después de aquella otra.
En el año de 1811, el monje respalda con vehemencia la causa republicana y lo manifiesta abiertamente.  Predicando en la iglesia de San Pablo, despotrica del rey español y su corte. No obstante su rol de espectador y compilador del universo, decide actuar, ya sexagenario, en el teatro de la Guerra de Independencia, como capellán militar de Francisco de Miranda. 
Como voluntad final, pide que sus escritos sean incinerados a su muerte, deseo que no se llega a cumplir totalmente. Su deceso se producirá tres años después en la provincia de Guayana. 4 
José Antonio Navarrete es una curiosidad intelectual y significa un antecedente insólito del mundo intelectual y filosófico de Venezuela. Sin duda, este monje oriundo de la jurisdicción de San Felipe El Fuerte, es un personaje bastante singular y tan extraño como su propia obra.
________________________________________________________________________


1 bRUNI CELLI, blas. Estudio preliminar y Edición Crítica. Publicado en el tomo I de: Arca de Letras y Teatro Universal por  Juan Antonio  navarrete. p. 14 – 22. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1993.

2 Corredor Aveledo, Antonio.
Juan Antonio Navarrete, el lexicógrafo erudito. pp. 89-90. Publicado en: Educación y Biblioteca. N° 167 – Madrid. TILDE 2008

3 nAVARREte, Juan  Antonio. Arca de Letras y Teatro Universal  pp. 156 -157. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. N° 60. Caracas, Academia Nacional de la Historia. 1962.

4  bRUNI CELLI, b. Ob. Cit. p. 24.


sábado, 5 de agosto de 2017

Marguerite Duras, el elogio de la mentira, divagaciones

Jeroh Juan Montilla

Entre los varios libros, en los cuales afano mí día a día lector en estos momentos, está la novela “Los caballitos de Tarquinia” de Marguerite Duras. Como grato y sagrado lugar común de toda su obra en esta también asistimos a percibir los celajes del fantasma de la autora, la vemos deambular sobreimpuesta por ráfagas narrativas en la carne y haceres de algún personaje, es un desdibujo fascinante, lúdico, para mí es como caer bajo el espejismo de Proust pero tres piso más arriba, no hay duda. Es el logro de la economía expresiva y argumental de la Duras frente a esa plenitud proustiana de selva vivencial, farragosa y adictiva. Un mismo acierto por caminos inversos. Ese hilado en zigzag sobre la trama de la memoria, el ir deformando o trastocando, a fuerza de ficción, lo biográfico, hasta reconocernos literariamente en lo irreconocible, eso nuestro que no compete a los marcos de la identidad. Mi enlace devocional con Marguerite Duras está en su decir, la manera en que frasea produce en mi los mismos estados de ánimo que me provocan las lectura de Heidegger y de Hegel. Paradójico, una novelista al mismo nivel de dos filósofos o viceversa. Mi asunto con estos tres autores no es cuestión de historias, argumentos o razonamientos en sí mismos sino que es la corteza formal de sus textos, es la piel, es la superficie de sus palabras. Es un auténtico encuentro con el arte perdido de la elocuencia, es percibir reveladoramente la textura de lo escritural sea para contar o argumentar. 


Un detalle. El título de esta novela me remite a mis años adolescentes, de estudiante hurgador de textos y enciclopedias de historia del arte. El encuentro con aquellas grandes láminas, con su primerizo e inolvidable olor a tinta y la imagen de aquel par de caballos alados, el alto relieve de unos animales en ocre y en trote, con alas desplegadas, pero que dan la sensación de que nunca podrán abandonar la región del mármol, que era inútil su preciosa arrogancia, que aun el peso inexistente del frontón del templo del ara de la reina domaba irreversiblemente la altivez mítica de aquellos nobles caballos etruscos. Pero de todos modos hay que intentarlo, hacer como sí. Como si lo fragmentario pudiera concederles la libertad. Esa totalidad. Eso es el arte, solo una pretensión, la inevitable necesidad de lo infructuoso. Todos en la vida somos unos caballitos de Tarquinia, remitidos siempre al rigor de un conjunto, de una monumentalidad ya vencida por la nada. Mientras, al igual que los personajes de la novela, nos amparamos en las veladuras, en la mala fe del subtexto, el mentir a medias. ¿Qué sería la existencia si viviéramos expuestos a la intemperie de la franqueza, sin el cobijo de la más mínima subjetividad? ¿Es la elusiva conciencia humana una hechura realizada fuera de los territorios de la Naturaleza, su contraparte? 

Ahora bien, en Caballitos de Tarquinia veo que Duras, en este momento de mi lectura, es Sara, un personaje atrapado en el puño caluroso de una playa italiana, la mano del Mediterráneo sofocándola. Tiene resquicios de la mujer de Lot, es una mujer salobre. El agobio de la canícula le proporciona un embeleso contemplativo, admira los ceremoniales y sabios giros del cuerpo de un pescador antes de lanzar una inmensa red sobre la palpitante fogosidad del mar. Cierro el libro y veo como la red se despliega, ya no hay un puño cercando a Sara sino la palma abierta de un Dios cayendo sobre el ondulante mundo de texto. Me doy cuenta, que de mi lado, el no literario, una densa lluvia asola con dulzura los vidrios del ventanal. Veo que Dios, al igual que el pescador ante Sara, ha dado un giro en el infinito y lanza una ilimitada red llamada lluvia, la fresca urdimbre del rey pescador que cae parsimoniosamente sobre la sed de las piedras, sobre la espesura de los árboles, sobre el sufrimiento de esta gente anónima que somos, una gente de entre líneas que verdadera y reiteradamente somos. Marguerite Duras, contigo me entero de una buena primera vez de aquellas palabras de Nietzsche que leí hace muchos años: “Puede ser que deseemos la verdad, pero ¿por qué rechazar lo no-verdadero, o la incertidumbre y hasta la ignorancia? ¿Ha sido el problema de la validez de lo verdadero quien se ha puesto frente a nosotros, o hemos sido nosotros quienes lo hemos buscado? ¿Quién es Edipo aquí? ¿Y quién es la Esfinge?”

lunes, 24 de abril de 2017

AL GUAIRE… ¿LO DEL GUAIRE?

Tibisay Vargas Rojas

¿Cómo llegan algunas palabras a nuestra lengua?, pues, por dinámica social, y, agrego, por elan. Sí, por ese continuo impulso de la vida que Bergson señaló como causa de la evolución y el desarrollo de la misma. Así ocurre con un río. Uno que especialmente voy a tocar en estas líneas, movida por el impulso de los avatares del país, y principalmente por la indignación que me causan expresiones peyorativas que me he topado en la red, a propósito de un incidente ocurrido durante una de las marchas pacíficas de ciudadanos que luchan por la dignidad de Venezuela. El suceso en sí, fue la represión de dicha manifestación, con un grado tal de ensañamiento por parte de los cuerpos represivos del Estado, que obligó a los participantes a arrojarse al cauce mezquinamente embaulado y contaminado de río Guaire.

Guaire, Guaire, no se ponen de acuerdo los estudiosos para dar origen al topónimo del otrora magnífico caudal de agua que atraviesa la congestionada, pero no menos hermosa ciudad de Caracas. Termina siendo Guaire, del guanche “guayre”, nombre con el que los aborígenes canarios denominaban a su jefe tribal, y cuyo significado fue propuesto por el filólogo tinerfeño Juan Álvarez Delgado (1900-1987), derivado del vocablo bereber “amgar”, que significa grande, jefe, notable. De igual modo, el historiador y filólogo Ignacio Reyes, también tinerfeño, traduce el vocablo desde la primitiva forma “ggwair” que se traduce como superior, notable. Deduciríamos entonces que nuestro Guaire tiene raíces filológicas canarias, y no es descabellado, pues la afluencia de canarios a nuestro país durante el siglo XVII fue considerada masiva, estableciéndose una importante colonia. No faltan, sin embargo, estudiosos como el escritor e historiador Arístides Rojas, que consideraran el vocablo americano, y aunque sin base para exponerlo, derivaran Guaire del quechua “Huaira”, que significa “viento”. El Guaire, es un río afluente del Tuy, que recorre 72 km. Desde la confluencia de los ríos San Pedro y Macarao en Las Adjuntas, atravesando la ciudad en dirección sudeste.

Antes del siglo XX, no estaba contaminado, y como principal vía fluvial del Valle de Caracas, era navegable. Fue durante el gobierno de Guzmán Blanco a finales del siglo XIX, que se dotó la ciudad de cloacas y alcantarillas, ordenando que se usara el Guaire como vía principal de desagüe de las aguas residuales, encontrándose en la actualidad en una situación ecológicamente preocupante, sin que mueva la conciencia del ciudadano, o peor aún, por la directa responsabilidad en apersonarse, de los gobernantes de turno, quienes se atreven por ignorancia e insensibilidad, a motejar al noble río, de cloaca, y a los ciudadanos que bajo persecución se arrojaran a su deprimido cauce, de excrementos. Así leo, pues, como triste lema de recientes concursos literarios “Al Guaire, lo del Guaire”, repitiendo el infeliz tweet oficialista “A Dios lo que es de Dios. Al César lo que es del César, al Guaire lo que es del Guaire”, que en un afán de burla y desprecio se atrevieron a manipular las palabras del Maestro. Y la cuestión, es que les resulta un escupitajo al cielo, porque la nobleza del río, acunó la nobleza de los deprimidos manifestantes salvaguardándolos de la saña.

Ese Guaire deprimido, maltratado, reducido a miseria por las infames administraciones de Estado, resultó salvaguarda de vida y alivio a no menos maltratados y deprimidos ciudadanos que no dudaron en refugiarse a su amparo. La historia de Caracas ha estado estrechamente vinculada al Guaire y su cuenca. Son muchas las citas que desde la colonia se hacen a propósito de actividades que lo relacionan, así como a las quebradas Catuche, Anauco, y Caroata, que en amorosa red fluvial surcan la ciudad antes de desembocar en el Guaire, entregándole la esencia de la ciudad recogida desde el Ávila, San Bernardino, El Silencio y casco central, tomando en cuenta respectivamente el origen o recorrido de dichos afluentes. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, llegan al país, naturalistas con el propósito de realizar colectas botánicas y zoológicas, así como estudios de historia natural, y se realizan las primeras descripciones técnicas y científicas sobre el río Guaire y su cuenca. Entre estos pioneros destaca el ilustre naturalista alemán Alejandro de Humboldt, quien plasma notas y observaciones al respecto en su magna obra “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo”, como de igual modo hicieran el fotógrafo húngaro Pal Rosti, el pintor y zoólogo alemán Anton Goering, el escritor y expedicionario ingles James Mudie Spence, entre otros a quienes no pasó desapercibida la magnificencia e importancia del Guaire, abrevador de la sed de los caraqueños, que del servicio del aguador o aguatero colonial sostenían su vida. Fue en el noble oficio heredado de Castilla, de estos personajes, donde debiera recalcarse la hechura de ciudad. En la maravillosa obra en prosa “El Lazarillo de Tormes”, anónimo español del siglo XVI, una cita pone de relieve la importancia del aguador:
"Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un día en la iglesia mayor, un capellán de ella me recibió por suyo, y púsome en poder un asno y cuatro cántaros y un azote, y comencé a echar agua por la ciudad. Éste fue el primer escalón que yo subí para venir a alcanzar buena vida, porque mi boca era medida. Daba cada día a mi amo treinta maravedís ganados, y los sábados ganaba para mí, y todo lo demás, entre semana, de treinta maravedís y me quedaba con todo lo que pasase de treinta maravedís diarios."
Imaginamos la visita diaria del aguador en casa de la familia Bolívar, y en la de todos los caraqueños, llevando el cántaro diario repleto de la dádiva del Guaire, así como futuramente se construyeran con igual propósito sobre los afluentes del Guaire, los embalses “La Mariposa”, y “Macarao”.

Pero no solamente la sed se ha abrevado con el río, también ha sido el Guaire fuente de luz, pilar de cualquier ciudad. En 1897, la Compañía Anónima Electricidad de Caracas, fundada en 1985 por el ingeniero Ricardo Zuloaga Tovar, instala la primera estación hidroeléctrica conocida como “El Encantado” en el llamado cañón del río Guaire, iniciando así la etapa de iluminación eléctrica de la ciudad de Caracas, pasando ésta a ser una de las pocas ciudades del mundo, y la primera de Latinoamérica, que para entonces contaba con fluido eléctrico continuo, gracias al aprovechamiento de corriente de agua, creándose luego, por la expansión demográfica, las estaciones “Los Naranjos” y “La Lira”. Guaire, Guaire, el notable, el superior, hoy reducido, convertido en el gran vertedero de la ciudad.

Guaire, Guaire, siento en su nombre los ecos de la dinámica fluvial que trazó los planos de la ciudad con generosidad paterna, desde los primitivos asentamientos en sus márgenes de los bravos aborígenes Caracas, la instalación colonial, hasta el perfil urbanístico que no cesa de crecer. Guaire, Guaire, el Sena y Támesis caraqueño que no goza del prestigio y orgullo que conceden franceses e ingleses a sus emblemáticos ríos, no menos contaminados, pero jamás maltratados de palabra, olvido e ignorancia. Guaire, Guaire, convertido por ignominia en el gran vertedero de la ciudad, que quizá sólo se sostiene por las vivres (wyvern), como el folclore druídico llamaba a la energía de la tierra, la gran serpiente promotora de la vida y fecundidad. Me atrevo a sostener que sólo por ello permanece el Guaire, por esa fuerza cósmica que seguro pulsa en los moradores de la gran ciudad que ha sostenido, y que ha hecho eco en las notas patrias “Seguid el ejemplo que Caracas dio”. No saben los opresores el enaltecimiento que han procurado al maltratado río, al compararlo en afán peyorativo con los ciudadanos que buscaron refugio en sus deprimidas aguas. El Guaire es Caracas, viva a pesar del daño, nunca reducida, a pesar del abuso. Caracas es el Guaire, grande, notable. ¿Al Guaire, lo del Guaire?, ¡sí!, ¡y a mucha honra!

(Imagen: Río Guaire.- Óleo de Manuel Cabré.-1915)